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Comunidad Griega Ortodoxa de Panamá

Catedral

 

El Patriarca Bartolomé I, de nombre secular Demetrio Archondonis es el 270avo Patriarca de Constantinopla desde el 2 de noviembre de 2001 y es el líder espiritual de más de 300 millones de Cristianos Ortodoxos. Su título oficial es Arzobispo de Constantinopla, Nueva Roma y Patriarca Ecuménico.

 

Arcipreste Georgios Nikólaos Kaloudis (Proto-presbítero)
 
Nacido en la isla de Kérkira (Corfú), Grecia, el día 14 de febrero de 1947. Asistió a la escuela elemental (primaria) en su pueblo natal Agios Nikólaos. Se graduó de la Academia Eclesiástica Athonita del Monte Athos, en la Escuela Superior Eclesiástica en Atenas y después en la Escuela Teológica de la Universidad Aristotélica de Salónica.

Siendo ya Sacerdote, fue ordenado Diácono el 12 de Enero de 1975 por el bendito Metropolitano de Kérkira (Corfú) Policarpo Bagená y luego Presbítero en Julio del mismo año.

Sirvió como capellán en su ciudad natal y en la Sagrada Metrópolis de Langada Litis y Rentinis.

En la parroquia de Litis en Salónica asistió como jefe de la Iglesia Agiu Athanasiou donde el Metropolita Spiridon de Trantellis le adjudicó el «οΦίκιουν» (Latín Officium: nombre genérico de los cargos eclesiásticos y políticos del Imperio Bizantino, que como institución se ha mantenido hasta el día de hoy por el Patriarcado Ecuménico) de Protopresbítero espiritual.

Recibió alabanzas del Círculo Literario de Salónica por artículos escritos en los periódicos.

Sirvió como misionero en el exterior de su país, en Gran Bretaña, y actualmente es misionero en Centro América y Panamá bajo las bendiciones de su Eminencia Atenágoras.

Es sacerdote casado con la presbítera Ekaterini, con la cual tiene dos hijos varones, Ioannis y Nikólaos, los que les han dado cinco nietos.

 

 

LA CATEDRAL ORTODOXA GRIEGA EN PANAMÁ

“LA ANUNCIACIÓN DE LA MADRE DE DIOS”

Por: Dr. Ermolaos Antoniadis B.

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boda

 

En los tres primeros siglos del cristianismo, a causa de las constantes persecuciones, los templos cristianos eran raros. Solamente después de la declaración de Constantino el Grande de la libertad de culto, en el año 313, los templos cristianos comenzaron a surgir en todas partes. Al principio los templos tenían forma Basilical, un rectángulo alargado con un atrio en la entrada y ábside (una pared en semicírculo) en el lado opuesto de la entrada. El espacio interior de la basílica se dividía por hileras de columnas en tres o cinco partes, llamadas naves. La nave central era más alta que las laterales, y por encima de ésta había ventanas. Las basílicas se caracterizaban por abundancia de luz y aire.

 

Pronto comenzaron a surgir también otras formas del templo. Desde el siglo V, en Bizancio comenzaron a construirse los templos en forma de cruz griega, con techumbre y una cúpula sobre la parte central. Rara vez se construían los templos circulares o en forma octagonal. La arquitectura eclesiástica bizantina tuvo mucha influencia en el Este (Oriente) ortodoxo.

 

Simultáneamente, con admisión del cristianismo en los países eslavos, surge la arquitectura eclesiástica rusa. Su característica particular consiste en construcción de cúpulas, que recuerdan la llama de una vela. Más tarde aparecieron también otras formas arquitectónicas; por ejemplo en el (Occidente) Oeste estilo Románico y Gótico, estos últimos con picos altos.

 

De esta manera, el aspecto del templo cristiano se desarrolla creando durante siglos, adquiriendo en cada país y en cada época su aspecto irrepetible. Desde tiempos antiguos, los templos adornan las ciudades y aldeas. Ellos llegaron a ser símbolos del mundo espiritual, prototipo de la futura renovación del universo. Encima de la entrada o junto al templo está el campanario.

 

El sonido de las campanas recuerda a los creyentes los oficios que se celebran en el Templo. El toque lento de la campana es la buena noticia y se usa antes del comienzo de un Oficio Sagrado: antes de las Vísperas o de la Liturgia. El toque melódico y alegre de todas las campanas se usa en días de fiestas. El toque triste de diferentes campanas alternadamente se usa durante el entierro.

 

El sonido de las campanas no es solamente un gong, que llama la gente a la iglesia, sino una melodía, que santifica los alrededores del Templo, que recuerda la oración a los ocupados en el trabajo, o quien está de viaje, o a los sumergidos en la vida cotidiana… El toque de campana es una especie de sermón musical, fuera de la Iglesia. «Proclama la verdadera fe, ilumina la vida y despierta una conciencia dormida».

 

En el interior del templo ortodoxo

 

Cuando un cristiano entra en el templo Ortodoxo para la Divina Liturgia se encuentra en otro mundo. Al principio, entra en la iglesia, cuya forma, «decoración y ornamentos» no sólo están sometidos a una tradición, sino que también tienen un significado propio.

 

En el bizancio se desarrolló un cristianismo de tipo contemplativo, de oración y meditación, dirigido a la transformación interior del hombre. En Occidente, los templos se construían sobre la planta de la cruz latina, alargada, hecho que crea un espacio dinámico, extendido sobre el eje orienteoccidente, inclinado hacia el presbiterio, lugar en el que, sobre el altar, se encuentran las Especies Eucarísticas. Este movimiento está subrayado por filas de columnas que recuerdan una solemne procesión, que seduce y atrae al que entra en la iglesia. Sin embargo, en la planta del templo cristiano Oriental encontramos la cruz griega, de brazos iguales; gracias a ella, el espacio del templo es estático, centrado, congregado bajo la cúpula, la cual, como un manto, abarca a los que están orando. Lo principal aquí no es la dinámica del movimiento, sino la paz de la contemplación, el recogimiento interior y la percepción de la presencia divina. La basílica se transforma aquí en un templo de cruzcúpula. Esta forma, elaborada en Bizancio, fue asimilada por todo el Oriente Ortodoxo donde ha encontrado una larga difusión. Nuestra Iglesia, la Catedral Ortodoxa Griega es una típica iglesia basilical bizantina de cruz con una cúpula central.

 

Según el modelo del templo del Antiguo Testamento, que tenía el atrio, el Santo y el Santo de los Santos, el templo Ortodoxo también se divide en tres partes: el Nártex, la Nave y el Presbiterio. Por lo general, las Iglesias Ortodoxas tienen una dirección de Este a Oeste (como las orientadas desde el siglo V), sin embargo nuestra Catedral tiene una orientación de Norte a Sur (por su ubicación urbana).

 

El Nártex (proNaós) es la parte oeste del templo, sur en nuestra Catedraldonde está la entrada principal. En la iglesia antigua era el sitio para los que se preparaban para el Bautismo. También fue un vestíbulo rectangular para acoger a los catecúmenos y penitentes durante la celebración del misterio divino, y al exterior mostraba uno o varios pórticos, que daban al atrio. Posteriormente, los nártex se convirtieron en gran tamaño, y a veces allí se encontraban las piscinas para el bautismo de las personas mayores.

 

En nuestra Catedral, el nártex es más pequeño; actualmente en él se ofrecen velas a los feligreses, y se encuentran los iconos de los santos más populares. Prácticamente nuestra cristiandad comienza a través de la unión al rito, por medio de la vela de cera. Sería imposible imaginarse un templo Ortodoxo donde no se enciendan velas. La cera se brinda en señal de nuestro arrepentimiento, junto con el acto físico de la señal de la cruz que debe ser acompañado por una simple oración, con palabras propias.

 

Desde el nártex, se entra a la planta basilical dividida en tres Naves (Naós), con bóveda de aristas; una central y dos laterales; cinco columnas se abren en arcadas de cada lado separando la nave derecha de la izquierda. En la parte posterior, sobre el nártex se añadió una tribuna superior donde se encuentra el coro. Sobre el cuadrado de la nave cruciforme se alza la Cúpula con tambor, ésta está sostenida por cuatro columnas formando cuatro arcadas que acentúan el verticalismo del templo. Al fondo se encuentra el Santo Bema o santuario que acoge el Altar que termina en una concha, el Ábside. El bemasantuario recuerda el Santo de todos los Santos del Antiguo Testamento: sólo los sacerdotes podían entrar en el durante la celebración. En la tradición Ortodoxa, el santuario está separado de la nave con una «tienda», que también guarda analogías con el Templo de Jerusalén. Esta barrera se ha transformado en el iconostasio. A partir del siglo X, los iconos pintados solían ser colocados al pareceren un entablado, la «templa», y a partir del siglo XI, o al menos del siglo XII, paneles de madera llamados «iconos de culto» (eikonismata proskyniseos) eran colocados entre los intercolumnios del «templon»: es el iconostasio.

 

Actualmente el muro o valla que sirve de separación (el iconostasio) es donde se disponen un número de iconos; en la antigüedad este muro era bajo y sin iconos. Solamente desde los fines del siglo IX, después de la condena de la herejía iconoclasta, se comenzaron a fijar iconos y a hacerlo más alto. Así, con los siglos se creó dicha división » el iconostasio», que consta de varias filas de iconos, distribuidos según un plan fijo. Del iconostasio se abren tres puertas: la Puerta Real (o «bimóthira»), la puerta del «diakonikon» y la puerta de la «prótesis».

 

La Iglesia Ortodoxa tiene por regla general un solo altar, y según normas eclesiásticas muy antiguas no podía celebrarse más que una sola liturgia. La misa de los fieles, culmina con la Comunión, primero del celebrante y del diácono, y luego abriendo las cortinas de la Puerta Real con el cáliz en la mano se dirige a los fieles diciendo: «Acercaos con temor de Dios, con fe y amor», mientras el coro canta un himno.

 

El iconostasio, como dijimos, tiene tres puertas. La central Puerta Realy dos puertas laterales. Del lado derecho «diakonikon» y del lado izquierdo «prótesis». En la Puerta Real se incorpora mediante un icono, la Anunciación de la Madre de Dios y los cuatro Evangelistas: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. En las puertas laterales se representan los arcángeles Miguel y Gabriel. Como dijimos, en el iconostasio se colocan los sagrados iconos. Al lado derecho de la puerta Real se encuentra siempre el icono de Nuestro Señor Jesucristo y al lado izquierdo el de la Santísima Madre de Dios. A la derecha del icono de Jesucristo se colocó el icono de San Juan Bautista y a la izquierda del de la Madre de Dios, Teotokos, se ubica el icono en honor del santo de quien se ha fundado la Iglesia. Arriba, en la segunda fila del iconostasio se ubican los iconos de los doce Apóstoles. Si el iconostasio es de gran tamaño se coloca una fila de iconos de los santos más venerados o iconos correspondientes a la fila de la Déisis.

 

Sobre la Puerta Real se encuentra el icono de la Santa Cena, que nos recuerda el Sacramento principal que se realiza en el Templo: la Eucaristía. Los iconostasios al tener varias filas por ejemplo una tercera, permite la colocación de otros iconos como el del Ciclo de las 12 Fiestas Principales (Dodekaorton). La parte superior se corona con la Cruz.

 

El iconostasio se edifica sobre la parte más alta del nártex (solea), que se asigna para los participantes en el Oficio Divino. La parte central de la solea, delante de la Puerta Real, se llama ambón. En el ambón, el diácono canta las letanías, pronuncia las oraciones y lee el Evangelio.

 

También aquí los fieles suben para recibir el Sacramento de la Comunión. Por los lados del solea se encuentran los «cleros», destinados a los lectores y cantores de los Himnos Litúrgicos. En los «cleros» están colocados unos iconos sobre tela, fijados en astas de madera «lávaros», que se usan como estandartes y son llevados durante las procesiones como insignias eclesiásticas.

 

En el centro del altar está puesta la Santa Mesa (el Altar), una mesa cuadrangular, especialmente consagrada, en la cual se realiza el Sacramento de la Eucaristía. Está cubierta con ornamentos sagrados y sobre ella se colocan la Cruz (Cruz manual), el Evangelio, el Antimensio y los cofres (tabernáculos) especiales destinados a guardar la reserva de los Santos Dones. Un cofre está destinado en la Liturgia a guardar los Dones presantificados.

 

Otro pequeño cofre se usa para llevar los Santos Dones para la comunión de los enfermos en sus casas o a los hospitales.

 

El Antimensio es un paño de seda, en el cual se encuentran representados el entierro de Jesucristo en la tumba y las insignias de la Pasión del Salvador: la corona de espinas, la lanza, la esponja, la columna de flagelación, los clavos y otros. En él se indica en qué iglesia, cuándo, y por qué Obispo ha sido consagrada. En la otra cara del Antimensio se cose una bolsita con reliquias de los santos o mártires, siguiendo la tradición de los primeros cristianos, que realizaban la Liturgia sobre las tumbas de los mártires. Sin el Antimensio, consagrado por el Obispo, no se puede oficiar la Liturgia. Para su mayor protección el Antimensio se envuelve en otro paño de seda.

 

Detrás de la Santa Mesa se encuentra la Cruz.

 

En ambos lados del Altar está la Prótesis (lado izquierdo o altar del ofertorio) una mesa destinada para preparar el pan y vino para la realización del Misterio Eucarístico (Sacramentos de la Eucaristía). Esta mesa también está cubierta con ornamentos sagrados. Sobre la prótesis están los objetos sagrados: el Cáliz (potír), en el cual se pone el vino ritual (el «vino de Misa», o sea, vino confeccionado con un proceso sin tratamientos químicos o aditivos). A la derecha del Altar se encuentra el Diakonikón, que es el recinto donde se guardan los libros eclesiásticos y las vestimentas de los sacerdotes.

 

Atrás del iconostasio y del Altar se encuentra el ábside que tiene forma semicircular y recuerda una gruta. La tradición cristiana Ortodoxa venera dos grutas: la de Belén, en la que nació Cristo, y el Sepulcro del Señor, en el cual colocaron el cuerpo de Cristo tras bajarlo de la cruz, y del cual surgió en la Resurrección, destruyendo la muerte. En el ábside se encuentra el icono de la Madre de Dios Orante (Platitera) con el niño Dios en su regazo y dos ángeles a los lados en pusición orante. Debajo de la Virgen orante se aprecian los iconos (murales) de los Padres de la Iglesia Ortodoxa como: San Atanasio, San Basilio, San Gregorio Naziancinós, San Juan Crisóstomo y otros. En algunos ábsides de mayor altura se representan el mural de la Comunión de los Apóstoles.

 

En la cúpula central (la parte más alta de la Iglesia) se encuentra el icono del Pantocrátor (El Todo Poderoso), porque según el Apóstol Pablo «es la cabeza del cuerpo de la Iglesia» (col. 1,18), y de Él se desprenden hacia abajo todos los iconos hasta los pedestales de la Iglesia. El icono del Pantocrátor es sostenido por ángeles y más abajo, alrededor del tambor, están representados los Patriarcas del Viejo Testamento.

 

La Catedral Ortodoxa Griega, tiene una gran cantidad de iconos (murales) que ocupan todas las paredes internas de la Iglesia. Sería extensa la lista para enumerarlos, sin embargo se pueden clasificar de la siguiente manera:

No podemos terminar este artículo informativo sin antes aclarar ¿Qué representa el icono para los Ortodoxos? El icono contiene en sí imsmo Historia, Tradición, Simbolismo, Teología y Arte. De hecho, los iconos y su veneración son algo estrechamente relacionados con el «sacramentalismo» peculiar de la piedad de la Iglesia Ortodoxa como ya hemos visto. Las imágenes (iconos) son una parte del misterio, empapado de sacramentalidad, que constituye la Iglesia. La función principal de los iconos es la irradiación del poder del Resucitado glorificado, y con ella el contacto del creyente con lo divino y su divinización. El mismo icono es un misterio. En el icono existe una realidad santa y santificante.

 

No pocos iconos tienen gran valor artísticos. Pero éste es un punto de vista completamente accidental. El icono no es el producto de un artista o de varios al mismo tiempo, sino la obra de un hombre piadoso (por eso todos estos iconos son anónimos y sólo por casualidad o accidentalmente se ha podido conocer el nombre del autor). El pintor se prepara para su obra con santos ejercicios penitenciales y la realiza sirviéndose de colores bendecidos con arreglo a prescripciones precisas de colores bendecidos con arreglo a prescripciones precisas de un manual oficial de pintura («canon») y dentro de la forma tradicional. Luego la obra es bendecida por el sacerdote, como representante de la Iglesia. El icono es una imagen sagrada, siempre está en relación con la sagrada liturgia, de la que recoge su luz gratificante irradiándola por todas partes.

 

El icono está lleno de significado teológico y, sobre todo, tiene estrecha relación con la Encarnación, en la que el mismo Dios se hace «imagen» visible, «imagen del Dios invisible» (Col 1,15), y «resplandor de su gloria» (Heb 1,3). La patria artística del icono es Bizancio, heredera y continuadora de la antigua Grecia, es la patria de la iconografía cristiana. Aquí, tales pinturas pasaron a través de varios periodos de florecimiento.

 

Desde el Bizancio el arte del icono fue llevado a las naciones balcánicas y a Rusia, donde alcanzó un grado alto de desarrollo en el siglo XV en Moscú y Novgorod. El problema de la conexión entre la pintura italiana y el arte del icono es todavía tema de discusión científica.

 

Quiero terminar este artículo con unas palabras de uno de los teólogos más significativos de nuestra época:
Paul Evdokimov:
«…el icono se torna milagroso. «Milagroso» quiere decir exactamente: cargado de presencia, su testigo indudable y el «canal de la gracia hacia la virtud santificadora». El Concilio VII lo declara muy explicitamente: «Ya sea por la contemplación de la Escritura, ya sea por la representación del icono…, recordamos todos los prototipos y nos introducimos con ellos». El Concilio de 860 afirma en el mismo sentido: «Lo que el Evangelio nos dice a través de la palabra, el icono nos lo anuncia a través de los colores y nos los hace presente